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Fue humilde y obediente.jamás intentó imponer su criterio a los demás y acató dbcilmente las decisiones de los superiores, tratando de realizar de la manera más perfecta sus trabajos y prestando su colaboración a los otros hermanos que lo necesitaban. Religioso poco amigo de discusiones y de causar molestias, resplandeció en él la delicadeza en el trato, la amabilidad en la conversación y la senci– llez en todos sus comportamientos. Quizá su carácter, un tanto retraído, fuera la manifestación externa de su talante espiritual, dominado por una auténtica vivencia de la minoridad franciscana. A todas estas virtudes supo unir una piedad intensa y profunda y un gran amor por la observancia regular; más abierto a Dios que a las cosas de este mundo, practicó una oración continua: para él la oración y el traba– jo eran una sola cosa, pues todo le sirvió igualmente para vivir en la presencia de Dios. Manifestó también una filial devoción a la Virgen María: con las cuentas del rosario entre sus manos, era fácil imaginarse la estampa de cualquier santo capuchino. BIBLIOGRAFÍA: AO 83 (1967) 54; BOP 20 (1967) 102-104; Estanislao 348. 598
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