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prestó su colaboración y los trabajos que desempeñó, siempre con– dicionados a su delicado estado de salud. Las molestias que durante muchos años padeció a causa de una hernia, juntamente con las que hubo de soportar por una úlcera de estómago, constituyeron para él una dura prueba, pero también un motivo de santificación. Operado de ambas dolencias, hubo de pasar los últimos meses en la enfermería de San Antonio, guardando cama y soportando pacientemente todos sus sufrimientos. Alegre, sin embargo, por su próximo encuentro con el Señor, recibió con tranquilidad a la hermana muerte, que se presentó al anochecer, en la fiesta de la Porciúncula, el día 2 de agosto de 1967. Contaba OQ años de edad y hab1a permanecido entre los ca¡.mdü– nos 45 años. No fueron llamativos ni demasiado deslumbrantes los hechos y actividades que marcan la vida del Hno. Severino: la cocina, el re– fectorio, la sacristía..., todos los trabajos domésticos que se le confia– ron los realizó con ejemplaridad, calladamente, eficazmente, siem– pre con espíritu de servicio a los religiosos y con una gran dosis de espíritu sobrenatural. El Hno. Severino fue un religioso polm, humilde, obediente, trabajador y de una profunda vida de oración. Nunca le gustó, como tampoco a San Francisco, ser un «fray mosca»; por eso nunca estuvo ocioso: cualquier pequeño detalle, cualquier mínimo servicio que pudiera prestar a la fraternidad o a los religiosos en particu– lar, le hacían olvidar sus dolencias y allí estaba, presto a servir y ejercer su caridad. Tenía muy claro que el fraile ocioso «puede poner en peligro su vocación». Otra virtud característica del Hno. Severino fue la pobreza: vivió con lo mínimo necesario en sus utensilios y en su vestido: cualquier cosa que pudiera recoger y aprovechar la arreglaba para poder ser utilizada. 597

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