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· ¡: Julio . - años de su vida, cuando la enfermedad y la edad le reclamaban un poco de moderación en su trabajo, echaba de menos la vitalidad de sus años jóve– nes, que añoraba con una comprensible nostalgi,a. Fue un hombre amante de las tradiciones y de la observancia regular y vivió siempre con pleno convencimiento su vocación capuchina. Su trato afable, su conversación correcta y respetuosa, el mismo tono sosegado de su voz, infundían respeto y confianza en cuantas personas se acercaban a él. Tenía especial interés en valorar las cualidades de los religi,osos y ala– bar sus obras bien ejecutadas, animándoles de esta manera a perfeccionar su trabajo de cada día. Así deseaba también él superarse y buscar nuevas sendas de plenitud mediante el trabajo y una vivencia sencilla de su voca– ción franciscana. « Yo te busco, mi Dios; necesito tu abrazo. Soy cual hierro pesado; pero Tú eres imán; tu atracción no resisto; rómpeme ya este lazo, que tu unión me retarda y duplica mi afán. Soy saeta que al blanco se dispara ligera; soy batel que navega tras su Estrella Polar; soy corriente que avanza sin amar la ribera, porque sólo suspiro por hundirme en el mar... » Son éstas las primeras líneas de su libro «A solas con Dios». BIBLIOGRAFÍA: BOP 36 (1983); AO 103 (1987) 143 s; Flash, n.º 66 (1983) 19. 562
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