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Desde 1946 a 1951 pasó por las residencias de Cumaná, Valen– cia y Maracaibo, siendo finalmente destinado a La Merced (Caracas) en 1951. En esta casa permaneció hasta su muerte. Los últimos años ejerció con gran celo y paciencia el cargo de capellán del puesto de socorro de Salas. Sólo unos días antes de su muerte, el 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, consi– guió ser relevado de su cargo, no sin antes haber celebrado la santa misa, y haber realizado los cuidados y visitas habituales a los en– fermos. Allí fue atendido por el personal del centro sanitario y visitado por varios señores Obispos, hermanas religiosas de quienes era confesor, Terciarios Franciscanos y numerosos fieles de la parro– quia. La metáfora de •--morir con las armas en la mano», o aqul"] ntrn dicho «ningún huen franciscano muere en su convento», se hizo una realidad en el P. Flor entino. Falleció el día 9 de julio de 1963, a los 74 años de edad, 59 de vida capuchina y 49 de sacerdocio. Tres son las actividades que globalmente resumen la vida del P. Florentino: doce años como profesor en el colegio de El Pardo; treinta y seis años de apostolado en la Custodia de Venezuela y el desempeño de numerosos cargos de gobierno en las residencias donde fue colocado por la obediencia. Una labor, especialmente agradecida por todos, fue su generosa dedicación al cuidado de los enfermos, a quienes prodigó toda clase de ayudas espirituales y ma– teriales con entusiasmo y generosidad. Servir es placer: sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco abierto en la tierra: toda la creación sirve al hombre. Y el mismo hombre ¿por qué no va a servir también?Así lo entendió el P. Florentino. El ministerio sacerdotal y la vocación franciscana son escuela de servicio: generoso, sacrificado, pa– ciente..., hizo de su persona un pañuelo de lágrimas para los más necesita– dos de ayuda y comprensión: los enfermos. 551 -- ------
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