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El día 5 de julio apareció en L 'Osservatore Romano, diario oficial del Vaticano, una breve nota necrológica de Mons. Santiago. El 15 de julio, el nuncio en España, Mons. Tagliaferri, dirigió a los herma– nos capuchinos de la Provincia de Castilla una carta de pésame por su fallecimiento. Una vez más recurro al bello decir del P. Juan Feo. Santos que con su maestría característica nos describe el carácter, el estilo y algunos rasgos sobresalientes de su vida. Éstas son sus palabras: «..• Por la gracia de Dios, Mons. Santiago no era perfecto, lo sabía él muy bien... Cuando el nombramiento de obispo le daba vueltas como una mosca impertinente, él mismo alegaba su falta de seriedad, su horror buro– crático, sus muchas limitaciones. P«rn n. la hnrn. de valnrar la trayectoria d.e una persona interesan más los frutos que la burocracia. Y nadie puede poner en duda que el estilo del P. Santiago era más de búsqueda de grano limpio que de proporcionar la paja innecesaria... Pienso que trató de interpretar la vida como un regalo de Dios y supo, en el mejor sentido de la palabra, disfrutar de la vida sobre todo en el aspecto que llevaba convivencia, alegría con los demás. De ahí la facilidad para complacer invitaciones, tanto festivas como dolorosas; también para arrimar el hombro, para suplir o, simplemente, para eso, para complacer... No llegó al episcopado como anuncio de una vida mejor, sino, más bien, como una nueva era de renuncias... Quisiera encerrar en unafrase todo lo que he narrado: murió con gran dignidad. Muy humanamente, sí, pero sin impertinencias, con gran cortesía... No será fácil que nos olvidemos los que le acompañamos en esos días, del lema que quiso hacerlo suyo: Padre, me pongo en tus manos» (BOV, 62, 1994, 78-83). BIBLIOGRAFÍA: BOP 47 (1994) 113 s; Flash, n.º 139 (1992) 15, n.º 155 (1994) 17 s; Pacífico 245; BOV, n.º 59 (1993) 216 s, n.º 62 (1994) 77 s. 547

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