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INOCENCIO DE BERZO 215 nano y el último lo escribe siendo ya capuchino), consiste en el predominio que para él tiene la vida interior sobre la exterior, la tendencia hacia la soledad para entregarse mejor al diálogo con Dios. Todo el día lo convierte en oración: desde el primer pensamiento de la mañana que es un saludo afectuoso a la Virgen hasta la vo– luntad de realizar todas las acciones en unión con la intención con que Jesús actuaba, las visitas al santísimo sacramento y a la Virgen y el examen de conciencia. Sacerdote al servicio de los hermanos Juan Scalvinoni acaba de cumplir los 23 años y se encuentra dispuesto para entregarse al Señor y a los hermanos. El 2 de junio de 1867 el obispo de Brescia, Girolamo Verzeri, lo ordena sacerdote para siempre. Lo primero que cambia en don Juan al recibir el sacerdocio es su manera de orar. Escribe en su diario: «Lo que más necesitamos nosotros es callar delante de nuestro Dios tanto en lo que se refiere a la voluntad como a las palabras. La palabra que más gustosamente escucha es la «palabra muda del amor». Este es un pensamiento breve que nos abre una parte de su alma. La preparación prolongada, la rigurosa e ininterrumpida disciplina de sí mismo, el ejercicio de la bondad, de la humildad, de la oración, le han conducido a este silencio absoluto de la mente y de todo sentimiento, «a la palabra muda del amor». El primer campo de su ministerio sacerdotal fue Cevo en Valsa– viore, donde desempeña el oficio de coadjutor. Dos años permanece allí. Después, el obispo le nombra vicerrector del seminario de Bres– cia. Pero solamente un año después fue depuesto de su cargo por– que, se lee en los procesos, «le faltaba autoridad». El arcipreste de Berzo, don ·Ceresetti, logró fuera destinado a Berzo como vicepá– rroco. Dos años permaneció allí. Fueron años de intenso y gozoso trabajo, de oración y dedicación a los demás. Cevo o Brescia o Berzo, le da lo mismo. El es sacerdote del Señor. Su vida es adorar, amar, entregarse. El sacerdocio se le ha dado, no para sí mismo, sino para los demás. Su tiempo pertenece a los demás. La oración, la predicación, la dirección espiritual le absorben por completo. Las

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