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El Beato Inocencio de Berzo Un siervo de Dios «inútil» y libre Odorico Mizzotti Si hay una santidad que coloca al hombre en su auténtica di– mensión, es la santidad del siervo de Dios que se siente «inútil», consciente de su humanidad carente de valores mundanos y agobia– da por su íntima pobreza, en contraste con la maravillosa abundan– cia de la gracia. Esta es exactamente la santidad de Inocencio de Berzo: una santidad que aparentemente no tiene historia, que no tiene cosas que contar, que se ha desarrollado sin ningún aconteci– miento de relieve. Sin duda es un santo original y no es fácil encasi– llarlo en los esquemas tradicionales, porque está considerado como el santo de los continuos fracasos. Ciertamente, un repaso superfi– cial de su vida nos induce a pensar que su biografía se cuenta na– rrando no sus éxitos sino sus fracasos . Pero el biógrafo más distraí– do se da cuenta que estos «fracasos» expresan una coherencia, una riqueza y una libertad interior que sólo las almas grandes pueden obtener. Su gente y su valle El beato Inocencio nació en Niardo, pueblo situado en el valle de Camónica (Brescia), en 1844, el día 19 de marzo, «día dedicado al humilde y silencioso esposo de la madre de Dios». Su madre, Francesca Poli, subió desde Berzo a su Niardo natal para dar a luz a su primera criatura. No era joven; tenía ya 35 años y estaba casada desde hacía uno con Pietro Scalvinoni. Siguió al marido a Berzo, donde él, viudo desde hacía tres años, tenía su casa, su tra– bajo y un hijo de su primera esposa, llamado Lorenzo. Así fue como
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