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194 «... el Señor me dio hermanos» puchinos. El silencio del sacramento era su mismo silencio de ado– ración. Estaba en permanente oración. Oraba como podía; de niño mientras trabajaba en el campo con la cabeza descubierta conside– rándose en la presencia de Dios , igual que ahora delante del sacra– mento . Oraba con el corazón, con jaculatorias fervorosas, que repe– tía sin desmayo, con fuertes suspiros. Y, cuando pensaba que estaba solo, gritaba al cielo sus oraciones. No leía los periódicos para no perder tiempo. Bastantes noticias escuchaba a la puerta del convento. Y no se trataba de noticias manipuladas o falsas, sino vivas y frescas, escritas con el sufrimien– to y la miseria de los pobres. «Estar en la presencia de Dios» fue el primero de sus propósitos. Defendía tenazmente esta unión con Dios. Por esta razón «cuando se hablaba con él retrocedía», lo que extrañaba a muchos. Se alegraba de no tener que salir del convento: «En casa se está muy a gusto», decía. Cuando el padre provincial lo envió a otro lugar por varios días a fin de que descansara y recobrase la salud, prefirió ir a Parzham, a casa de su hermana, donde no pertubaban su recogimiento. Fray Eriberto Dummer declaró que «fray Conrado estaba siem– pre en oración y por eso no le gustaba hablar; por los claustros del convento caminaba recogido con el rosario entre las manos y todos procuraban no molestarlo con preguntas para no interrumpir su oración; yo diría que se le tenía un cierto respeto. No olvidaba las oraciones que tenía por costumbre rezar. Cuando en una ocasión fray Feliciano le aconsejó que durmiera y descansara algo más, por– que lo necesitaba, le contestó que era imposible porque no termina– ría sus oraciones. Rezaba seria y comprometidamente». Murió sonriendo en la brecha En los últimos años fray Conrado caminaba, casi se arrastraba, muy encorvado. Sufría mucho del estómago. Un asma fea, debida al catarro, le fatigaba mucho. Pero cumplió los 75 años. Conti– nuó transportando las pesadas tiriajas de Scheps para repartir entre los pobres. Un día debió ser el dolor tan agudo, que pidió a un amigo le trajera de la farmacia alguna medicina para el estómago.
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