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CONRADO DE PARZHAM 185 Después de la oración nocturna o maitines participaba en la disciplina comunitaria tres veces a la semana. Solía ir a la cripta a rezar por los difuntos. Esa devoción la practicaba por la noche, hasta que se lo prohibieron porque necesitaba descanso. Entonces aprovechaba su tiempo libre para estas visitas durante el día. Era devoto de las almas del purgatorio y un día dijo a un novicio dis– traído: «Tú rezas poco por las almas del purgatorio, pues si rezases por estas pobrecitas almas te hubiesen avisado y no hubieses dejado el pan en el horno durante toda la noche. Hemos hecho voto de pobreza, vivimos de limosna y no debemos desperdiciarla». ¿Cómo se había enterado? Pasaba muchas noches en blanco, pero estaba al tanto para suplir al hermano sacristán, fray Aniano, bastante enfermo; abría las puertas de la iglesia, en invierno a las 4 y en verano a las 3,30 de la mañana; muchos años realizó esta suplencia. Fray Aniano se lo agradecía íntimamente; un día lo abrazó y lo besó. Fray Conrado lo rechazó dulcemente: «Me parece que no estás en tu sano juicio». La comunión la esperaba como el centinela la aurora. Se encar– gaba de despertar a las 4,30 al padre que tenía que celebrar la misa a las 5 en la Gnadenkapelle. Consideraba un privilegio ayudar esta misa habiendo comulgado antes en la iglesia de Santa Ana. Tenía hambre de eucaristía; su director espiritual le permitió comulgar to– dos los días. Luego ayudaba una segunda misa a las 5,30 en la Gnadenkapelle y en los días de comunión general de los frailes (en– tonces sólo se permitía la comunión tres veces a la semana) se unía a la fraternidad. A las 6 comenzaba normalmente su trabajo en la portería del convento. Alguna vez pedía un ayudante durante un rato para po– der cumplir tranquilamente sus devociones y dar gracias al Señor. Enseguida revisaba los apuntes de las misas, ordenaba los objetos bendecidos, recibía las limosnas ocasionalmente presentadas por mu– chachos tímidos, que, de parte de sus padres, llevaban pan y leche al convento solicitando, a cambio, oraciones. Le correspondía, ade– más, preparar el altar, disponer los ornamentos para las celebracio– nes conventuales y, por si fuera poco, servir a los forasteros in ca– mera caritatis (habitación de caridad y bienvenida) el desayuno o
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