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184 « . .. el Señor me dio hermanos» era ayudarles en todas las cosas aunque fuesen pequeñas y sin inte– rés. No le importaba cuándo y por qué se llamase a su puerta; siempre se encontraba a punto, educado, dispuesto a resolver sus problemas. Sin duda, eran servicios materiales, como transportar pe– sados cubos de Scheps, levantar grandes ollas de sopa, llevar cestos de pan o bandejas de carne, o también anotar los encargos de misas y otras limosnas, ordenas los objetos, limpiar el pavimento, llamar a los confesores y muchas cosas más. Pero, por encima de estas actividades materiales, se intuía todo un mundo espiritual. Alenta– ban la fe, revelaban amplios horizontes de vida espiritual. Se recla– maba su presencia por motivos materiales, pero al realizarlos, eleva– ba a sus interlocutores hacia la vida espiritual. Sus palabras se entremezclaban con el trabajo fatigoso y el ser– vicio leal a todos. Las almas, despreocupadas y entregadas a las cosas de este mundo, comprendían este lenguaje de gestos, de sonri– sas y de paciente amabilidad. Rezaban. Daban gracias. Esto signifi– caba para el «santo portero» la mayor recompensa: «Me complace más un Padrenuestro o un Dios os lo pague de los pobres que los alimentos o la bebida», decía visiblemente satisfecho, al tiempo que se limpiaba rápidamente con la mano el sudor de la frente. Horario de un día de trabajo Todos conocían al «santo portero», tanto los peregrinos como los habituales del convento. Conocían sus gestos, recordaban sus frases, adivinaban sus pasos, recogían su sonrisa, admiraban su cal– ma. Su régimen de vida era tan metódico y ordenado como un re– loj. A la misma hora los mismos gestos y los mismos pasos, como un clavo. Cuando los religiosos, a media noche, iban al coro a rezar, ya estaba allí fray Conrado arrodillado en el último puesto, delante del pretil, con la cabeza un tanto inclinada rechazando el sueño. Dormía pocas horas. El sueño, refiere un testigo, lo doblegaba de cuando en cuando, pero se reponía y continuaba rezando de nuevo: sería curioso analizar sus estratagemas para luchar contra el sueño. Una vez observé que tenía la cabeza algo magullada: «Esta noche me dormí en el cuarto, me caí y me hice una herida», confesó.
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