BCCCAP00000000000000000000682
182 «... el Señor me dio hermanos» seguro de su vocación, como escribió a sus hermanos de Venus: «Era voluntad de Dios que abandonase lo que más quería. Tenía que seguir mi vocación; no podía comportarme de otra manera... Estoy contento de no haberme quedado en el mundo». Toda clase de personas llamaron a aquella puerta, niños, po– bres, obreros, campesinos, trabajadores eventuales, jóvenes, para– dos, mujeres, madres de familia, enfermos, hambrientos, desespera– dos, de todo un poco. Al oír la campanilla, corría, abría la puerta, sonreía, se inclinaba sobre las miserias y su corazón se abría para socorrerlos. Cuando daba no medía ni juzgaba. Desconocía las nor– mas económicas. Daba porque la gente era pobre, porque tendía la mano, porque tenía necesidad. Escuchaba y captaba como una antena los gemidos de los pobres a los que quería comprender y llenarlos de esperanza, mientras distribuía el pan o echaba la cerve– za en las jarras o entregaba objetos de devoción o regalaba saquitos de hierbas para los animales, por lo cual, cierto día, fue denunciado por un veterinario. Se integra espontáneamente en las costumbres de los campesinos y de la gente sencilla. Los 100.000 peregrinos que llegan cada año al santuario ofre– cen a fray Conrado una oportunidad inmejorable para vivir su ca– risma especial. Los adjetivos con que describen su santidad los testi– gos de los procesos son muy delicados, llenos de matices y de un singular claroscuro. Es un capuchino ordinario, dicen; no hay en él nada de extraordinario. Es bueno, deja buena impresión, es afa– ble, cariñoso, educado y amable, benigno, muy piadoso, lleno de piedad, muy devoto, de corazón piadoso, dulcísimo de corazón, re– pleto de compasión y de bondad, tiene una sonrisa serena y compla– ciente, siempre dadivoso, tranquilo, recogido, manso, paciente, de una calma extraordinaria, modesto, humilde, ascético, nunca ocio– so, siempre igual, muy silencioso, reservado, taciturno, como su– mergido en el Señor, recogido en sí mismo, héroe, silencioso, un santo escondido, jamás del mal humor. Los religiosos que le ayudaron en la portería afirman que ja– más lo vieron triste o nervioso. ¿Es verdad? ¿Es todo tan perfecto? Una visión retrospectiva embellece y exalta el recuerdo del pasado, sobre todo cuando está coloreada por una idea, por la fama de santidad que envuelve la figura del «santo portero» de Altótting.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz