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178 «... el Señor me dio hermanos» Fue encargado de ayudar al hortelano y al jardinero del convento. No había pasado un mes y ya había cogido un desgraciado consti– pado que derivó en una bronquitis aguda y tuvo que guardar cama. Fue el origen, casi con toda certeza, de una fastidiosa asma bron– quial que le atormentará toda su vida. Tenemos pocas noticias acerca del noviciado de fray Conrado de Parzham. Una carta escrita a sus hermanos el 6 de febrero de 1852 describe el clima espiritual en que se desenvuelve su vida. Es muy espontánea, con pensamientos ascéticos evidentemente aprendi– dos de su maestro: «Hace tiempo que no os escribo, pero no os he olvidado. Me encontraba algo mal. A lo largo del Adviento he tenido que guardar cama por dos veces durante algunos días. Ahora estoy mejor. Rogad por mí para que el buen Dios me conceda bue– na salud, según su voluntad ... Pero por lo demás vivo contentísimo con Dios y de ninguna manera deseo volver a este mundo. Sabed que estoy en el noviciado. Rogad por mí a fin de que pase felizmen– te este año y me convierta en un verdadero fraile capuchino, no solamente en el hábito, sino en el espíritu; así me gustaría vivir y morir». El noviciado era verdaderamente austero y exigente. El mismo fray Conrado dirá más tarde a un joven novicio: «Nuestro novi– ciado fue duro y fuerte; muchas veces nos teníamos que contentar con agua para alimentarnos y nos arrodillábamos sobre el pavimen– to». Su vocación capuchina la amaba como una gracia especialísi– ma. Puesto que era tan callado, cualquier dicho recogido en los procesos, posee un valor inestimable. Se trata de frases breves, sen– tencias, proverbios sencillos, pero ricos en contenido, como los si– guientes: «Tal como seas en el noviciado serás toda tu vida». «El capuchino será feliz únicamente si vive según la regla». «Prefiero no ser capuchino a ser un mal capuchino». «Yo no soy digno de ·este hábito». La iniciación a la vida capuchina, prácticamente ya de algún modo experimentada durante los treinta y pico de años en Venus, gracias a su trabajo y piedad, recibió en Laufen los últimos toques. Fray Conrado salió del duro noviciado capuchino hecho y derecho, de tal manera que fray Primitivo, uno de los testigos más interesan– tes, dirá: «Era un capuchino de cuerpo entero».

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