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CONRADO DE PA ZHAM 177 Mencionamos esta carta llena de grac a y simplicidad, escrita al co– mienzo de 1850 y que expresa la ale ría humilde de la convivencia fraterna en medio del sacrificio. Pasados nueve meses y un año dejó Altotting y se dirigió a Burghausen donde se le asignó el cu dado de un religioso muy en– fermo. Mucho le costó este traslado . Otra carta, fechada el 25 de mayo de 1851, revela, con su acostu brada candidez, sus sentimien– tos: «Tengo que abandonar este lug r de gracia. No oculto que es duro para mí. El tiempo ha pasado t n rápidamente que me parece increíble hayan pasado un año y nteve meses ... Pero es verdad; la gente no para... La obediencia me reclama en otra parte... Rezad por mí para que llegue a ser un ve dadero hijo de san Francisco y como tal viva y muera». l En Burghausen asiste al viejo p. dre Silvestre, casi moribundo, compartiendo con él, día y noche, 1 misma celda durante tres me– ses. Desde aquí escribe otra carta e la que manifiesta su enorme satisfacción por la convivencia frate na, más agradable que en Al– totting, donde el oficio de portero le apartaba un poco de la frater– nidad. Comenta los tiempos malos y peligrosos, refiriéndose eviden– temente al movimiento ateo y marxi ta y a los rumores de guerra. Fray Conrado había entendido, mej r que nadie, el mensaje de la Virgen de La Salette, aparecida el 1 de septiembre de 1846 a tres pastorcitos: «Queridos, el tiempo es muy breve... Para mí ha sido una gracia asistir a este enfermo. T _ 1 ngo que estar con él en la cel– da. Lo hago muy a gusto ... Estoy muy bien. Estoy muy contento. Practico mis devociones y el trabajo! es más llevadero que en casa. Nos queremos mucho ... Atravesamol unos tiempos en que todo co– razón piadoso debería temblar, parece que todo el infierno haya desencadenado sus fuerzas y busquetrruinar la religión entera. Pe– ro el Señor es bueno y misericord oso». En los primeros días de septie bre de 1851 el superior pro– vincial juzgó oportuno enviar al jo en postulante terciario a Lau– fen. Aquí, el 17 de septiembre, fr y Conrado dejó la túnica de terciario y vistió el hábito con el aparón y el capucho. Comen– zaba así el año de noviciado. El aestro era el padre Estanislao Schüster de Aufhofen y el superior de la casa el padre Francisco Javier Kopplmayr de Illmüster, sie años más joven que él. Fue
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