BCCCAP00000000000000000000682
CONRADO DE PARZHAM 175 Andaba siempre con los ojos bajos y saludaba con estas pala– bras: «Sea alabado Jesucristo». Un saludo que sonaba un tanto ex– traño a la mayoría que le apodaba con el nombre de santurrón. No se impresionaba demasiado. Continuaba sin titubeos su camino. Por lo que se puede leer en los procesos hay que reconocer que era andarín, piadoso, irresistible, omnipresente; alguno lo re– cuerda por su «oración devota» en la iglesia y santuario de San Leonardo en Aigen, otro en la iglesia de Birnbach, otro al regreso de una peregrinación a Gartlberg o a Klosslarn o a Altotting o de una misión popular o en una procesión. Practicaba todas las formas de auténtica piedad popular bávara. En esto se comportaba como los demás. Recitaba. Rezaba las mismas oraciones. Cantaba los mis– mos cánticos. Solamente que no se cansaba nunca; era inagotable. Y no siempre encontraba amigos que le acompañasen. Porque cuan– do se dirigía muy de mañana, por ejemplo, a Mariahilfberg en pere– grinación, no daba mucha conversación. Al revés, o se rezaba o se callaba. Aquellas horas de camino resultaban un interminable ro– sario que no se terminaba nunca. Si alguna vez hablaba, era para explicar el modo de meditar sobre la pasión de Jesucristo durante la misa, como refieren algunos de sus acompañantes. Ayunaba repe– tidamente. «¿Por qué no desayunas?», le preguntaban. «No lo nece– sito; me basta la oración», respondía. Un razonamiento muy poco convincente, pero muy válido para él. Pertenecía a grupos de oración, a grupos juveniles de confrater– nidades, como a la Adoración perpetua, a la Unión de la Santa Misa de Birnbach, al Escapulario de Klosslarn, a la congregación mariana de hombres y adolescentes de Altotting, a la Santísima Tri– nidad de San Salvador de Oberschneiding, a la cofradía para ayudar y confortar a los moribundos de Obersmünster, a la Unión de jóve– nes cristianos de Karpfham y, naturalmente, a la Tercera Orden Fran– ciscana, en la que profesó el 19 de mayo de 1841 en Altotting. En aquel tiempo se organizaban muchas misiones populares en Birnbach, Tristern, Klosslarn, Asbach. Nunca faltaban a ellas el pia– doso joven. La más famosa se predicó en el santuario de Santa Ana de Ering, cerca del río Inn en 1838. Juan Birndorfer sacó de ella mayor fervor; hasta el punto de notarse en su vida un mayor recogimiento y silencio. La atracción hacia la vida religiosa era cada
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz