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CONRADO DE PARZHAM 169 humildemente en su sitio. Es un modelo facilísimo de imitar, claro, sin especial relieve. Es un buen campesino bávaro, mas sin los colo– res chillones y sebosos de los bávaros, sin la alegría rebuscada y la sinuosidad compleja de la religiosidad barroca. En esto se dife– rencia del catolicismo de su país. En él no se percibe ningún signo de su patria, ningún residuo nacionalista. Es un mensaje de simpli– cidad en la «terrible rutina» que asume tonos cada vez más profun– dos e íntimos y reclama una escucha prolongada y una mirada pe– netrante. No se deja descifrar o descodificar fácilmente, precisamen– te porque es demasiado fácil. Se da por entendido inmediatamente, pensando que todo se ha comprendido y así se queda uno en la superficie sin adentrarse en su interior. Es necesario un planteamiento sereno y profundo hasta llegar al conocimiento hondo de una santi– dad concreta y ordinaria tan escondida y discreta. Su biografía se puede dividir en tres período: 1) los primeros 31 años transcurridos en la casa paterna, desde 1818 a 1849; 2) un intermedio de tres años, o sea, el tiempo dedicado a la forma– ción para la vida capuchina, hasta 1852; 3) los últimos 41 años en Altotting como portero del convento de Santa Ana. Observemos detalladamente esta vida normalísima, indudable– mente sin interés para el hombre moderno que ama lo sensacional. Historia de un devoto campesino de Venus Nació el 22 de diciembre de 1818 en Venushof en el pueblo de Parzham, perteneciente al antiguo distrito de la abadía cistercien– se de Fürstenzell, cerca de Passau, al norte de la Baviera, entre los ríos Inn y Danubio; era el penúltimo de doce hijos, cinco de los cuales murieron prematuramente; sus padres se llamaban Gertru– dis Nieder-Mayrinn de Kindlbach y Bartolomé Birndorfer por sobre– nombre Vanusbauer. Eran dueños de una rica granja , ricos también por su fe, a pesar de los malos tiempos . Un paisaje campestre dulcemente ondu– lado, cubierto de bosques y bastante extenso, circundaba la pro– piedad Venus de más de 200 hectáreas en el fertilísimo valle de Rott.

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