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DÍA VIII.-((DIES IMITATIONIS ET A~;IORIS» 637 .santificación. Jesús, en su vida, terrena rogó al Padre para que nos enviara el Espíritu Santo, y nos le mereció con su Pasión y Muerte. Ego rogaba Patrem et aliurn Paraclitmn dabit vo– bis O79). Jesús nos le prometió para el tiempo sucesivo a la Ascensión. Mittan eum ad vos, o que el Padre mandaría en su nombre: Quem mit– tet Patre in nomine meo (180). La promesa de Jesús debía ser cumplida y de hecho, subido Je– sús al cielo y sentado a la diestra del Padre, en– vió el Espíritu Santo. Estn:1do María Santísima con los Apóstoles re– unidos en el Cenáculo, perseverantes en la ora– ción, descendió del cielo el esperado Paráclito et revleti sunt omnes Spiritu Sancto. Los símbolos bajo los cm:1es se manifestó nos indlcan los efec– tos admirables que produce. El rumor de viento impetuoso que llega sobre el Cenáculo indica la acc10n poderosa del Espíritu Santo que impulsa al alma a la virtud y a la perfección. Las lenguas ele fuego se posan sobre las cabezas de los Apóstoles, porque el Espíritu Santo es luz y fue– go que ilumina la mente y encienae el corazón en orden a la verdad y al bien. El Espíritu Santo. en la Pentecostés, transfor– mó los Apóstoles de ignorantes en sabios; de tí– midos en valerosos; de imperfectos en perfectos. Rev<:stidos de la virtud y de ios dones del Es– píritu Santo. se esparcieron por el mundo par¡,, evangelizarlo; se presentaron ante los emperado– res y arite los filósofos y sabios; sufrieron impá– vlrlos Iris persecuciones y derramaron su sa:1gre por Cristo, III. LA Ar'CION S-\NTJFIC/\DORJ\ DEL ESPIRI– TU SANTO E~ Ll\ S ALMAS T,a acción del Esuíritu Santo n<, se concr!"tó sólo a, los Apóstoles en el día de Pentecostés, sinr que cont:núa y se pPrpetúa a través de los sie;lo:, /1791 Joann,. XIV, 16. (180) Ibid.

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