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590 «ALVERNIA)) cramental, como la unión entre el manjar y quien lo toma, con esta diferencia: que en los manjares materiales ordinarios los transforma– mos y asimilamos a nosotros mismos, pero a Je– sucristo, no. En el momento de desaparecer o co– rromperse las especies cesa de estar sacramental– mente, aunque continúe de un modo espiritual. Además, la asimilación o transformación espiri– tual se verifica en este sacramento al contrario de los alimentos materiales; éstos los tranforma– mos materialmente en nosotros; en la Comunión. Jesucristo nos transforma espiritualmente en Si mismo; porque el superior asimila a sí al inferior. Por esta razón, S. Agustín pone en boca del Se– ñor: «Yo soy manjar de las almas grandes, cre– ce y me comerás; mas no me cambiarás en ti, como el manjar corporal, sino que Yo te cam– biaré en Mb (100). b) Unión espiritual transformadora.-De esta unión físico-sacramental resulta también la espi– ritual y transformadora; es tan íntima, tan san– tificadora, que transforma al individuo. Júntase Jesús con nosotros y se une a nuestro corazón, a nuestra voluntad, a nuestros sentimientos, a nues– tros afectos. Todo lo asimila a Sí. El hombre, me– diante la influencia del sacramento, se va poco a poco transformando de carnal en espiritual; de tibio, en fervoroso; de humano, en divino. Va des– apareciendo el hombre viejo con todos sus vicios y malas inclinaciones y se reviste del nuevo, crea– do según Dios en justicia y santidad... (101). c) Conserva y perfecciona la vida de la gra– cia.-La Comunión produce en la vida espiritual efectos análogos a los de la comida en la vida corporal. El alimento corporal conserva la vida del cuerpo, restaura las fuerzas, aumenta el vi– gor, deleita, etc.; ; la Comunión conserva la vida sobrenatural del alma, la aumenta poderosamen- (100) Confess., lib. VII, cup. 10, n. 16; P. L., XXXII, col. 742. í 101) Renovamini autem spiritu mentís vestrae, et ind,uite novum hominem, qui secundum Deuin creatus i,st in iustitia et sanctitate veritatis. Ephes., IV. 23.

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