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584 «ALVERNIA)) de nuestros males; de alimento en nuestra vida espiritual. Vamos, pues, a considerar los puntos siguientes para enamorarnos más y más de este divino Sacramento. I. Algunos de los motivos por los que Jesús quiso quedarse con nosotros en la Eu– caristía. II. Disposiciones que debemos tener ])ara re– cibirle en Za Comunión. III. .Medios para fomentar Za vicla eucarística en el alma. l. ALGUNOS DE LOS MOTIVOS DE SU REAL PRESENCIA EN LA EUCARISTIA Muchos fueron los motivos y fines por los cua– les Jesús se quedó en el Sacramento del amor. No es posible referirlos todos. Sólo indicaremos tres, que servirán para fomentar nuestra devo– c1ón y piedad hacia el divino Prisionero del Sa– grario. l. Hqbitar con nosotros.-Jesús, después de su muerte, debía volv2r al Padre; tenia que ausen– tarse de entre los hombres mortales y volver al cielo. Se ausentó visiblemente, pero se quedó in– visible en el Sacramento. Vivió· con la Virgen San– tísima. San Josó y los Apóstoles durante su vida mortal, y ahora vlve en la Iglesia entre todos los fie~es de una manera sacramental... El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (78). Y el Ver– bo hecho carne inviisble, pero real, continúa ha– bitando entre nosotros... Su habitación perma– nente es el Sagrario, adonde podemos ir a visitar– le, adorarle, rogarle, consolarnos... Salomón, des– pués de haber edificado el magnífico templo e in– vocado la divina Majestad para que lo llenase de su benéfica presencia, de suerte que todo el (78¡ Et: bis. Joann., c:.ro fact,un est et habitarit in no-
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