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580 • ({ALVERNIA)) cwn le ha llamado, con razón, Alter Christus (Segundo Cristo de la Edad Media). Luego podemos y debemos esforzarnos por imi– tar a Jesucristo como le imitaron los santos, en especial el Serafín de la Alvernia. Imitar a Je– sús en los pensamientos, en los se!ltimientos, en las palabras, en la doctrina, e!l las virtudes, en las obras, en la conducta de la vida entera. In– terna y extername:1te, en las relaciones privadas y públicas, en todo lugar y tiempo, debemos te– ner presente ese divino ejemplar. Haz como el ejemplar que te he mostrado (68). En todas las circunstancias de la vida miremos a la faz de Cristo. Consultemos con Él, ob:·:::m1os según Él nos enseüa, ejecutemos lo que Él nos manda o nos aconseja... CONCLVSION Resumiendo en pocas palabras lo dicho, debe– mos conocer profundamente a Jesucristo, estu– diándolo en la Sag-rada Escritura, especialmente en los Evangelios y en S. Pablo; en la Iglesa y su liturgia, en la Tradición, en el espíritu y obras de los santos. sus imitadores. De ese es– tudio brotará en nosotros el amor. Y este amor se encenderá más y más medi– tando lo que Él hizo por nosotros en su En– carnación, en su Vida, en su Pasión, en su Muer– te, en su Iglesia, en sus Srrcramentos, sobre to– do en el sacramento del amor por excelencia, la Eucaristía. Si el estudio es práctico y el amor operativo, debemos esforzarnos por imitar a Jesús, copiar– lo en nuestra vida práctica, identificarnos con su espíritu, su doctrina, sus virtudes, sus ejem– plos. Seamos los se<suidores de Cristo, los caballe– ro de Cristo, como lo fué su perfecto imitador San Francisco. Los Tres Compaüeros escribieron: «Desde ,;u conversión hasta su muerte, amó Cris- c:rem ular q1wd tibi in monte XXV, 40,

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