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576 «ALVERNIA)l con El y por El entraremos en la gloria; con El y por El reinaremos; con Él y por Él seremos siem– pre con Dios... (50). Meditemos, pues, de continuo el amor inmen– so de Jesús en su Encarnación, en su vida pri– vada y pública, en la institución de la divina Eu– caristía, en su dolorosa Pasión y Muerte, en su Resurrección gloriosa, en su gloria sempiterna, y se encenderán nuestros corazones en amor divino. Mira a la fa;: de Cristo (51). Considera y mira a Cristo en el seno del Padre, en el seno de María Inmaculada, en la cuna de Belén, en la casita de Nazarct, en el Calvario y en el Sagrario, desde que vino del cielo hasta que volvió a la diestra del Padre, y verás las finezas de amor de tu Amigo, de tu Esposo, de tu Dios ... Meditando el amor de Jesús, le amaremos con caridad ardiente, con amor tierno, con unión in– separable. Exclamaremos co'no S. Pablo: ¿Quién me podrá seJ)arar de la caridad de Cristo? Ni la m1Lerte, ni la rida, ni los ángeles, ni los principa– dos, ni las virtudes, ni lo presente, ni lo futuro, ni la violencia, ni lo que hay de más alto ni de más profundo, ni criatura alguna me podrá se– parar jamás del a11wr de mi Dios, que se funda en Jesucristo Nuestro Seriar (52). III. DEBEMOS IMITAR PERFECTAMENTE A JESUCRISTO Hemos dicho que el estudio de la vida de Je– sús, de sus obras y misterios, no debe ser pura– mente especulativo; el amor tampoco debe ser solo afectivo; tanto el conocimiento como el amor verdadero a Jesús, deben ir unidos a las obras. Se requiere un conocimiento práctico y un amor operativo. Para estf' fin, Jesucristo no sólo nos rf'scató, nos dió la vida sobrenatural, nos comu- (50! Et sic sem.JJrr cum Do1nino círirn l Thcs,, IV. 16. (51) Et rrspirr in faC"icm Christi tui. Ps. LXXXIII, 10. (52) nom ., VIII, 35-39.
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