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574 ((ALVERNIA)) De tal modo amó Dios al mundo que le entre– gó a sn Hijo {36); le entregó para salvarle, para redimirle. Los antiguos sacrificios no habían sido suficientes, y el Hijo de Dios exclama: Aquí es– toy, Yo soy la víctima. Jesús, con libertad so– berana, acepta el sacrificio y se ofrece, porque quiere (37). No hay amor más grande que dar la vida por los amigos (38). Por esto dice S. Pablo: Por el amor que me tenía, se dió por rni resca– te (39). Cristo, clejándose clavar en la cruz, ras– gó la sentencia de condenación y de muerte que se había pronunciado contra nosotros ( 40); nos ha reconciliado para siempre con su Padre (41). El sacrificio de Jesús comenzó en la Encarnación y se consumó en la cruz. Este sacrificio es la cau– sa de nuestra salud, es el origen de todos los bie– nes sobrenaturales. Todos sus dolores, sus afren– tas, sus humillaciones, sus tormentos, su muerte dolorosísima, no son más que efectos del amor que nos tuvo para rescatarnos y darnos la vida eterna. Aquí tenéis lo que Jesús ha hecho por nosotros... Esa obra redentora, ¿no merece nues– tro amor? Ese amor infinito que llega hasta el sacrificio de la. propia vida, ~no merece nuestra gratitud? Ese Dios Hombre que es escarnecido, humillado, azotado, coronado de espinas, cargado con el instrumento del suplicio, crucificado en la. cruz, muerto entre dos malhechores, ¿no es dig– no de nuestro amor, de nuestros servicios, de nues– tras adoraciones, de nuestros sacrificios, de to– do nuestro ser? ¿Qué sería el sacrificio de nues– tra propia vida comparado con el suyo? ¡Oh, al– ma creyente y devota, entra en las llagas de tu (3G) Sic Deus clilexit munclum. ut F-iliiun suum uni– genitmn darct. Joann .. III. 16. (37) Oblatus cst, quia ipse voluit. Is, LIII, 7. (38) .Maiorem hac dilectionern nema liabet, ut ani– mam suam ponat quis pro amicis snis. .loann., XV. 13. (39) Qui dile:1:ít me tradidit semetipsum 1Jro me. Gal.. II. 20. (40) Dolens quod ad versus nos erat chiroqraphum decreti quod erat contrarimn nolJis. Col., II. 14. (41)' Re,:,onciliati sumus Deo per rnortem Filii eius. Rom., v. 10.

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