BCCCAP00000000000000000000622

Dfa VIII.-«DIES IMITATIONIS ET AIIIORIS)l 569 del Sagrario. Conocían y meditaban los miste– rios de la infancia, de la adolescencia de Je– sús; su vida pública y retirada, trabajando en Na– zaret o predicando a las turbas. Conocían, sobre todo, y meditaban el crucifijo, que es un libro abierto que todos comprenden, que a todos en– seria, que a todos santifica, que a todos eleva, que a todos transforma. De sus cinco llagas salen to– rrentes de luz que iluminan, torrentes de gracia que lavan, torrentes de amor que santifican. H0 aquí, en brev0, los m0dios de conocer a Je– sucristo. Veamos ahora cómo debemos amar tier– namente a Cristo. II. DEBEMOS AMAR TIERNAMENTE A JESUCRISTO El conocimiento de Jesucristo no debe ser só– lo especualtivo; debe ordenarse a la práctica. De poco nos serviría conocer profundamente los mis– terios de Cristo si no le amásemos. La fe debe ser operativa; porque la fe sin caridad no jus– tifica. La voluntad debe ir en pos del objeto conocido. ¿Cómo nos excitaremos a amar a Je– sús? Es imposible condensar tanta doctrina en tan poco espacio. Tenemos que contentarnos con algunas consideraciones principales, dejando lo demás a las meditaciones particulares de cada uno. Sólo haremos algunas indicaciones sobre los puntos que contiene este verso de la liturgia: Se nascens cledit sócium, Com:éscens in cclúliurn. Se móríens in prétium. Se regnans clat in praémium (21). l. Se nascens cleclit sócium. Descle el vrinci– pio era Verbo y el Verbo era Dios..., y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (22). Estas (31, C/iidnm Cor¡J. Christi. Hym. de Laudes. (221 In 11rwei¡,io erat Vcrbum, et Verburn erat arn1.d Dcum ... et Vcrbum raro furt11m est, f't lwbitavit in no– bis. Joann .. I, 1, 14. «ALVEilNTA}) 37

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz