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DIA VIII «DIES IMITATIONIS ET A~IORIS» l. Todo cristiano y religioso debe conocer, amar e imitar a Jesucristo, modelo ele los predestina– dos. Todos los beneficios del Señor so:i dignos de nuestra veneración y amor, pero de una manera especialísima el sacrificio de la Cruz, perpetuado a través de los siglos, de una manera incruenta, en el sacrificio del altar. En la Eucaristía, Jesús continúa ofreciéndose al Eterno Padre por nos– otros, nos consuela con su compañía y nos ali– menta con su mismo Cuerpo y Sangre e:i la co– munión. 2. La vida litúrgica, por medio del sacrificio del altar, por la recepción de los Sacramentos, por el rezo del Oficio divino y por las otras ora– ciones de la Iglesia, nos hace vivir unidos con Jesucristo, quien dejó depositados los tesoros de sus gracias y de sus inefables riquezas en su Es– posa dilectísima, para que continuara su obra redentora y santificadora hasta la consumación de los siglos. 3. Jesucristo, después ele la Ascensión, envió sobre el Cenáculo al Espíritu Santo, que ilumi– nó y transformó a los Apóstoles. El Espíritu San– to continúa su acción santificadora sobre la Igle– sia y las almas.
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