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DÍA vrr.-«DIES PERFECTIONIS)) 557 intranquilidad; la paz es un fruto del Espíritu Santo que procede de las virtudes y de los do– nes. Cuanto el hombre sea •más virtuoso, gozará más de la paz interna. Cuando el hombre es vi– cioso, será como un mar alborotado; su imagi– nación será como un volcán en erupción y su corazón como una hoja que se agita a todo vien– to. La calma y la paz suponen el dominio de si mismo, la moderación en todo, el desasimiento de todo. La verdadera paz del corazón se encuen– tra sólo en Dios. IV. MEDIOS PARA LA PAZ INTERIOR Después de haber visto los obstáculos que se oponen a la paz interior, indicamos los med·os más principales para conseguirla. Pectemos de– cir que la remoción de los mismos obstáculos producirá la paz en el alma, pero esto no imp'.de que nosotros indiquemos en concreto algunos de los medios más necesarios l. Humilclacl.-Una persona soberbia jamás podrá gozar de paz, porque una prefere:1cia con– cedida a otro la desconsuela; la envidia la corroe, la ambición la tortura; una falta de considera– ción le disgusta, una ligera humillación la confun– de, un desprecio, aunque sea imaginarlo, la des– concierta; el solo temor de perder la estima la aflige; lo que se dice y se piensa de su conducta y de sus méritos la preocupa; los honJres la exal– tan y las humillaciones la abaten; así que nunca encuentra la tranquilidad y la paz. Al verdadero humilde sucede todo lo contra– rio: se goza del bien del prójimo; como partici– pación de la divina bondad, está contento con los últimos puestos. Las alabanzas no le exaltan porque se cree indigno de ellas y las considera como peligrosas; las humillaciones y los despre– cios, aunque injustos, los recibe como medios de santificación, como Ü'soros de méritos. Se goza en perfecta quietud, considerando que la adver-

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