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DÍA vn.-«DIES PERFECT!ONIS)) 553 como un ignorante ante el maestro, como el hielo ante el fuego ardiente, romo la nada ante el todo. Hablad, obracl, a!iviacl ... G. El celo im1Jetuoso.-Un celo santo, activo y diEgente por la gloria de Dios y el bien de las almas es muy laudable; pero si el celo es in– discreto, impetuoso y contra el progreso espiri– tual personal, es censurable. El que está domi– nado por un celo indiscreto, se inquieta ante los males que ve en el prójimo; los pecados ajenos ponen fuego a su corazón; es como los hijos del trueno, que quieren hacer descender fuego del cielo para abrasarlo todo .(208). Resulta que con estos ímpetus inmoderados se irrita, pierde la paz, el rc::;peto para con los superiores, la con– sideración para con los iguales, la condescen– dencia para, con los inferiores. Es juguete de su celo y victima de sus engaños. Como los proyec · tos no resultan en la realidad como se los forja en su exaltada fantasía, pierde la paz y se in– quieta. Los principiantes en la vida espiritual es– tán más expuestos a estos impulsos de celo indis– creto; quieren arrancar luego la cizaüa del cam– po donde se ha sembrado el grano, pero Dios aconseja que se espere lrnsta la siega .(209). Los frutos d0l apostolado, como los frutos naturale::; del reino vegetal, necesitan del tiempo para ma– durar. 7. La excesiva actividad natural.-Existe en nosotros una tendencia natural a la felicidad, y si bien el cristiano y el religioso saben que esta felicidad no se puede encontrar en esta vida, sin 8mbargo, por debilidad, curiosidad y natural pro– pensión, procuran buscarla y satisfacerla en este mundo. De aquí que el corazón está lleno de de– seos, anhela muchas cosas en la vida que apa– guen o disminuyan sus ansias de placer, sus ambiciones de gloria, la sed insaciable de frui-– ción... La multitud e impetuosidad de estos de– seos agitan el alma, la turban, la hacen perder (208) Luc., IX, 54. (209) l'rlatth., XIII, 24-30. «ALVERNTA» 36

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