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542 «ALVERN:AD ¿Qué cosa es la paz interior? No es más que la tranquilidad de conciencia; es la satisfaccióri de las buenas relaciones que el hombre tiene con Dios, con el prójimo y consigo mismo; es la ale– gría del alma que resulta del cumplimiento de los prop:os deberes. Es la razón, iluminada por la fe, que ejercita su imperio sobre las pasiones, sobre las tendencias, sobre los movlmientos de la naturaleza para moderarlos, dirigirlos y ele– varlos. Es la dulce y santa libertad del espíritu. quo, ordenando todas las cosas con diligencia y prudencia, se aplica a su perfección sin tristezas del pasado, sin apego al presente y sin preocupa– ción para el futuro. Es aquella calma del alma serena y alegre que busca a Dios sin agitacio– nes; que las cosas exteriores no la disipan ni per - turban; que las interiores le causan satisfacción y dulzura; que comunica a sus acciones una es– pecie de moderación y modestia que .atrae, edi– fic::. y encanta. Con esta paz, el alma es diligen– te sin precipitación, grave sin excesiva lentitud, humilde sin pusilanimidad; tiene deseos grande:;, sin ambiciones ilegítimas; ni la prosperidad la cnsob2rbece, ni la adversidad la abate; se aban– dona por com,'1eto en manos de la amorosa Providencia, que con paternal ternura dispone las cosas para nuestro bien. El alma que posee 1:?. paz interior es semejante a Jesús, María y Jo– sé, que, en medio de sus alegrías y dolores, per– manecen tranc;uilos e inmutables, sumisos a la vo¡untad del h:terno Padre. H. NECESIDJ\.D Y EXCELENCIA DE LA PAZ INTERIOR La turbación, la inquietud, la agitación, son la ruina de la virtud. El alma que ha perdido la paz es juguete de todas las pasiones; la alegría le embriaga y enloquece, el dolor ~a abate y des– alienta, el odio la corroe, la envidia, la tortura, la falsa amistad la inquieta. El alma inquieta se distrae en la oración, se disipa en la recreación,

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