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DfA VII.-({DIES PEflF'ECT LO:HS}) 541 gozar en este mundo de la pa,z de los ángeles y bienaventurados, que poseen con quietud y so– s:ego su últ~mo :Í'1. Lrr paz de los v:adores es una paz relativa, imp2rfecta, en cuanto es posible a la lrnm:1na naturaleza con todas sus imperfeccio– nes y fragilidades. Esta paz relaüva puede ser pública con re:a– ción a los Estados que gozan de tranquilidad y sosiego, en contraposic:ón a la guerra; familiar, s'. las familias o colectividades disfrutan de so- y buena correspondencia ele unos con otros, :o\n disensiones, riflas, pleitos, etc.; individual, si s~ concreta la tranc¡uiJidacl a las personas p:1r– ticul0.r::'s. La paz individual puede ser externa e interna. La paz con nuestros semejantes, con nuestros superiores, iguales o inferiores, con nuestros conciudadanos, vecinos, parientes, fa– milinres o miembros ele la misma comunidad, de que formamos parte, es una paz externa. La con– cord:a, la armonía. y las buenas relaciones con el prójimo son necesarias para la vida cristia– na y religiosa. Esta es la paz que se ordena al prójimo y entra en los ámbitos de la caridad. San Agustín la definía: <<Esta paz es la concor– dia ordenada de los hombres» (175); de ésta ha– b:a S. .Francisco en !a regla, cuando dice: «Acon– sejo, amonesto y exhorto a mis frailes en Nues– tor Señor Jesucristo que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan, más sean mansos, pacíficos, modestos», etc. (176). En las Comunidades donde no reina la paz no p1ir 0 c!e hnber santidad. Más arriba hemos tratado difusamente ele la caridad fraterna, la cual l12va romo fruto la paz y la armonía en la mutua convivencia. Por este motivo, en esta conferen– cia nos referimos principalmente a la paz inter– na que debe poseer toda persona que aspira a la perfección de la vida cristiana y de la vida r?~tgiosa. libr, x:rx, XIJI, P. L., L. 41, Requla FF. JJí?l(J?':I 'i, C:1]), III,
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