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540 (( A L V E N I /\ il del alma. Diremo;; ::ilg1J :;obru ]os puntos slguien - tes: I. Naturaleza de la paz. II. Necesidacl y excelencia de la ])az. III. Obstáculos para la pa:z. !. NATGR!H,EZA DE LA PAZ San Agm~in nos da la naturaleza de la p:1z y ;,us divcrsl.dadl\3. «La paz del cuerpo, dice, C? la ordenada complcxl6n o temp:ramento de 1:::, partes; la paz d21 alma irracional está en el or• denado descanso de los apetitos; la paz del ¡¡Jma raciona:, En la ordenada conformidad del pen– samiento y de la acción; la paz del cuerpo y del alma, en la vida ordenada y en la salud del viviente: la paz dei hombre mortal y de Dios, en la ordenada obediencia a la fe y a la ley de Dios; la paz de los hombres, en la ordenada con– cordia; la paz de la casa, en la ordenada con– cordia en el mandar y en el obedecer de los que la habitan; la paz de la sociedad, en la orde– nud2. concordia en m::mdar y obedecer de los ciu– dadanos; la pn de la celestial Jerusalén, en la ordenadísima y concordísima sociedad de la fun– ción de Dios, y en la fruición mutua en Dios; la paz de todas las cosas, en la tranquilidad del orden. El orden es la disposición de las cosas pa– res y dispares, dando a cada una el lugar que le corresponde» (17•1!. La paz supone siempre el orden. Así, cuando las cosas y las personas es– tán orden3.das, ocupando cada una su lugar, re– sulta el Ec¡uilibro, la quietud, el sosiego, la tran– quilidad. Dios, que es el ordenador de todo el universo, po::;ee una paz inalterable, en virtud de su infinidad, es absolutamente inmutable. Esta tranqu:lidad absoluta y paz inalterable no po– demos tenerla los hombres. Tampoco podemos i 174l De ci1:it. Dei, :ih. ::rx. col. 640.

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