BCCCAP00000000000000000000622

534 «ALVEHJ.IIIA ligro do perderlo todo. Y no digan que ,no ton– go qué hacen>. Hay tanto por estudiar, tanto en qué ocuparse, tantos m\nisterios, tantas obras de celo, soci::;.lrn y piadosas que hacer, que jamás tcrmins.rcmos, r..unque St:! duplique el número de sacerdotes y de religiosos. Si en ocasiones no puedo cjorcltarso ol mtn:ster:o o dedicarse al es– tudio serlo, ¿qui('n le impide al religioso hacer orac,on, rezar las devocion0s, pedir por tantas almas que no conoc0n a Dlos o no le quieren servir; ayudar a los demás religiosos en tantos quehaceres domésticos?... El religloso ocioso es un miembro perjudicial para sí y para los de– más... G) LA l!ClfüLDAD.-San Pablo, hablando de los pagLmos, dice que p01·=1u:c se vanagloriaron de su ciencia, Dios les dejó caa en las pasiones de ig– nominia ( 157!. Y no sólo a los paganos, sino tam– bién a los crls~i::rnos y religiosos sucedB lo mis– mo; porque se ensoberbecen, confían en sí mis– mos y ea sus fuerzas, Dios permite las caídas para que :.,e humillen. Antes de las grandes caí– das, con frecuc:cicia precede una oculta o mani– fiesta soberbia. Dios suele castigar la soberbia con pecados vergonzosos; ya que el alma no se quiere humillar por voluntad, es humillada por fuerza. El alma religiosa nunca debe confiar en si misma, aunq1~e lleve muchos años en el ser– vicio del Sefior sin experimentar caídas; porque también los cedros del Líbano cayeron y las co– lumnas de la Iglesia se desplomaron. El que cree estar en pie, tenga cuidado de no caer (158). Se dice de S. Anto:üo Abad que vió toda la tie– rra cubierta de lazos, y exclamó: «Sefior, ¿quién se librará?» Oyó una voz que le dijo: «Antonio, los humildes de corazón» _(159). El humilde que no confía en su fragiltdad, que teme de su mali- (l57) Pro;;terea tradid:ít ilios De:ts in passiones igno– miniae. Rom., I, 26. (158) 1 Cor., X, 12. (159) Cfr. Aeta Sanctorwn (Ballard). 17 jan., Vita S. Antonii Abb. Jan, t. II. p, 508. Parlsiis. 1863.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz