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520 ((ALVERNIAll voz que era como de citaristas que tocaban sus cítaras y cantaban un cántico nuevo que nadie más que ellos podía cantar... Estos son los vír– genes... , estos siguen al Cordero donde quiera que va... , porque fuc;ron hallados sin mancha ante el trono de Dios \123). ¡Qué hermosa visión! ¡Qué consoladoras palabras! ¡Qué regaladas promesas para los limpios de corazón! Sólo por pertenecer al coro de los vírgenes, llevar el nombre de Dios escrito en nuestras frentes, cantar un cántico nuevo, seguir al Cordero donde quiera que vaya, hacer su guardia ele honor, debiéramos dar por bien empleados todo:; los trabajos y esfuerzos que tenemos que hacer para conservar fresca y fra– gante la flor de la virginidad. 111. MEDIOS PARA OBSERVAR LA VIRTUD DE LA CASTIDAD Cuanto más preciosa es una cosa, tanto más empeño se pone en conservarla; y cuanto más delicada, más cuidado en que no se rompa. La castidad es una virtud preciosa, como acabamos de ver; es también muy 1elicada, que fácilmente se rompe. Portamos ese tesoro en vasos muy frá– giles (124); si descuidadamente los dejamos caer, se rompen y lo perdemos todo; debemos, pues, protegerlo bien, custodiarlo con atención y tomar todas las precauciones debidas para conservarlo. De aquí la necesidad de usar los medios propor– cionados para la guarda fiel de la castidad reli– giosa. Indicaremos los más principales. 1) HUÍDA DE LAS OCASIONES.-El primer medio indispensable es la fuga de las ocasiones peligro– sas, en especial las que han sido causa de caídas o molestas tentaciones. En esta pelea tienen ase– gurada la victoria los cobardes, los ¡ugitivos que se esconden o burlan el encuentro con el enemigo. (123) Apoc., XIV, 1 y sigs. (124) Hcibenn&s autem thPsaurum istum in vasis fic– Ulibus. II Cor., IV, 7.

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