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DÍA VI!.-((DIES PEllFECTIONISll 517 4J Las alrnas castas gozan de mayores con– suelos.-La lujuria produce frutos más amargos que la hiel y más crueles que la es1)ada. El lu– jurioso siente las amarguras del remordimiento, el fuego de la pasión; no sosiega un momento, se agita, se revuelca en el cieno del vicio, y cuanto más peca, más enciende el fuego; cada satisfacción cte la pasión constituye un haz de combustible que aumenta la llama y causa des– trozos. Los impuros son como los hidrópicos: cuanto más beben, más quieren beber; nun,::a se sacian... ¡ Cuánto más felices y dichosos son los que triunfan de este vicio, los que, despreciando las bajezas de la materia, se elevan a las regio– nes del espíritu! El alma pura goza de tranqui– lidad, de alegría, de suavidad, de consuelo, de un gozo inexplicable. Parece que Dios comunica una especie de júbilo interior que, rebosando 'n el alma, se comunica tambien al cuerpo nasta verse muchas veces obligada a exclamar como David: Mi corazón y mi carne se alegraron en Dios vivo (111). Así como el ruiseüor oculto dl la espesura del bosque llena el aire con sus me– lodías y alegra los oídos del viajero, asi las al– mas puras encerradas en la espesura de %te cuerpo llenan los espacios de exclamaciones qu~ alegran a Dios, a los ángeles y a los hombres que van en dirección de la eternidad feliz. VJr– genes santas desde la infancia he conocido, que el Esposo divino las regalaba con tantos consue– los, que no cabían dentro de si. Los santos go– zan mucho más de los consuelos espirituales, aun en este valle del destierro, que los munda– nos en sus divertimientos e impurezas. No di– gamos nada de los que tienen una contemplación elevada, los raptos, éxtasis y otras gracias extra– ordinarias que Dios, generoso, suele ¡conceder a las almas generalmente muy puras desde la infancia, o muy purificadas por la penitencia y la contrición de pecados cometidos. (111) Cor meum et caro mea exultaverunt in Deum vivwn. Ps. LXXXIII, 3.

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