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DÍA VII.--<<DIES PERFECTIONISll 515 Hijo, amándose con amor mutuo y castísimo, pro– ducen el Espíritu Santo. El Verbo, para encarnar– se, asume la carne humana de una Virgen In– maculada; por Padre putativo escoge al castisi– mo S. José; por Precursor, a S. Juan Bautista, santificado antes de nacer y decapitado por con– denar la impureza; tiene una predilección espe– cial por S. Juan Evangelista, virgen; le permite reposar sobre su pecho y le confía la custodia de su Madre antes de morir. In Joanne virginitas, a Domino virgine, mater virgo, virgini discípulo commendatur (107. Jesús permite que le injurien, blasfemen, desprecien, ataquen la realidad de sus milagros y la veracidad de su doctrina... ; pero jamás permitió que le tildaran lo más mínimo en materia de castidad. Para multiplicar el nú– mero de las almas castas, ha dispuesto que en su Iglesia se introdujesen y multiplicasen los Ins– titutos religiosos, cuyos miembros hacen voto de castidad. El divino Pastor quiere 8pacentar a sus ovejas predilectas entre lirios, y los lirios se pro– ducen en los jardines de la vida religiosa. Ved cuánto ama Dios la pureza en Sí mismo y en las almas. 2) La castidad nos hace semejantes a los án– geles.-Nuestro Señor Jesucristo dice en el Evan– gelio que en el cielo los hombres no se casarán, sino que serán todos semejantes a los ári.geles de Dios (108). Luego en este mundo, conservando la virginidad, empieza el hombre a semejarse a los espíritus, como dice S. Pablo a los Romanos: Vos– otros ya no estáis en la carne, sino en el espíri– tu (109). La virginidad nos iguala a los ángeles, y diríamos mejor que nos hace superiores a ellos; porque, siendo puros espíritus, carecen de comba– te.; mientras que los hombres revestidos de la car– ne tienen que luchar constantemente si quieren (107) Cfr. S. RIEIL, Aclver.ms Jovinianwn, lib. I M. P. l. t 23, col. 248. • ( 1 08) In resurrectione cnim. ner¡ue nubent, neQue 1ii1.– be11tur; sea cnmt sicut An_c¡cli Dei in cae'!-0. Matth., X:XTI. 30. ( 109) Vos cwtem in carne non estis, sccl in spirit·n. Rom., VIII, 9.
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