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DIA VII Conferencia III (XXVIII) DE LA CASTIDAD Beati mundo carde, quaniam ipsi Demn videbunt. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos· verán a Dios. (Matth .• V. 8.) Es un fenómeno psicológico experimentado en la vida cotidiana que los hombres espontánea– mente se sienten impulsados a contemplar los se– res dotados de belleza. En efecto: el manantial de agua fresca y cristalina que susurrando corre por el. arroyo y se difunde para regar las hierbas y flores del campo ; las cándidas azucenas que des– piden de sus cálices perfumados fragante aroma; la blanquísima nieve que como inmenso manto cubre la superficie de la tierra; la mansa y sen– cilla paloma que arrulla dulcemente en su nido; el horizonte limpio que nos permite dilatar nues– tra mirada por la llanura; la clara y serena no– che que nos deja contemplar el firmamento cua– jado de rutilantes estrellas; todos esos objetos y otros mil más atraen nuestros sentidos, nos im– presionan, hablan a nuestro corazón un lenguaje mudo, pero lleno de encantos. Del mismo modo, si miramos un gracioso niño, un joven inocente, una persona sobre cuyo ros– tro se refleje el candor y la pureza adornada con los atavíos de una humildad sincera, nos agradan y atraen dulcemente. Y no es de extrañar, por– que la pureza es una virtud que brilla como el lirio entre las espinas; la azucena, entre las flo-

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