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508 «ALVERNIA)) rante su vida desposarse en amor perpetuo con la pobreza, porque ella había sido la amada del Hijo de Dios, aunque ahora era desechada de todo el mundo. Por eso se hizo un amador tan fiel de su hermosura, que por esta su esposa no sólo abandonó padre y •madre, sino también todos los bienes del mundo» (97). Su programa de vida lo expresa sEncillamente en estas palabras: «Yo, pe– queñuelo fray Francisco, quiero imitar la vida y pobreza de nuestro altísimo Señor Jesucristo y de su Santísima Madre, y perseverar en ella has– ta la muerte» (98). En la antigua regla se leía: «Todos los Frailes procuren imitar la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo» (99). En la última definitiva, «que todos vivan como peregri– nos y forasteros en esta vida, sirviendo al Señor en pobreza y humildad» (100). San Pedro de Alcántara, ya próximo a la muer– te, dijo a sus hermanos: «Hijos, os recomiendo vivamente la pobreza: ésta es la porción que nos legó Jesucristo cuando nació en el pesebre y cuan– do murió en la cruz; ésta nos encomendó el Se– ráfico Padre S. Francisco. Por tanto, vivid como peregrinos y pobrecillos en este mundo, contentos con vuestra suerte» (101). Amad y observad la santa pobreza, patrimonio de los discípulos de Jesucristo. Esta virtud es: Coeleste pretium. Una moneda con que compra– mos el reino de los cielos. Coeleste prandi1lm. Un convite celestial en que se saciarán eternamente los pobres que en este mundo padecieron necesi– dad. Coeleste solium. Un puesto especial en el cielo será reservado a los que dejaron todo por Cristo, se sentarán a su lado para juzgar las tri– bus de Israel. Amad y observad la pobreza como Cristo desde (97) TOMÁS DE CELANO, Legenda II, n. 55, p, 213. ¡98) Opú.sc. Fragmentos de la Regla de Santa Clara, p. 54. Ed. Gratien. (99) Cfr. H. FELDER, o. M, Cap., Ideales de s. Fran– cisco, t. I, cap. V, p. 123. (100) Regla, cap. VI. (101) Cfr. Florilegio Franc., p. 23.

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