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DÍA VII.-<<DIES PERFECTIONIS)) 505 ------ nuestro afecto. Somos creados para amar las co– sas mayores y de más duración. San Francisco decía que no se debía hacer más caso del dinero que del fango .(89). Casiano dice a este propósito: «Algunos que en el mundo poseían mucho oro y plata, riquezas y propiedades, lo despreciaron todo por amor de Dios; y después, por un escalpelo, por un punzón, por una aguja, por una pluma, se conmueven. Si ésos se dedicaran con corazón limpio a la con– templación continua, nunca les sucedería, por co– sas pequeñas, lo que no les sucedió por las gran– dES (90J. Los religiosos que no se ahogaron en ple– no mar del mundo, vienen a ahogarse en un pe– queño arroyo. Se despojaron de lo más y no sa– ben desprenderse de lo menos. Como dice el abad Daniel: «¿En qué se diferencia la codicia del que se aficiona a cosas mayores o menores? En que ésta es más reprensible» .(91). El que tuvo fuerza para romper las maromas, no la tiene para romper un hilo. ¿Qué importa que el ave esté presa con una gruesa cuerda o con un hilo, si. al fin no puede remontar el vuelo por los ai– res? Es verdaderamente vergonzoso que se deje apegar el corazón a una imagen, a un libro, a un breviario, a una celda, etc. Usemos de las co– sas con santa indiferencia, no considerándolas más que como medios indispensables para nues– tra santificación. No se debe confundir el desasi– miento con la incuria. Nunca se debe poner el afecto en las cosas, pero sí el cuidado en con– servarlas. Las debemos usar como prestadas, y una cosa prestada se cuida para que no se pier– da o se deteriore. Administrar bien las cosas, con– servarlas con cuidado, procurar que no se pier– dan, gasten o deterioren y que duren lo más po– sible, son actos de pobreza... 189, TOMÁS DE ÜELANO, Legenda II, n. 65, pp. 280 y sigs.. (90) CASSIANO, Collat. I, cap. VI, 111. P. L., t. XLIX, col. 488. (91) Jdem IV, cap. XXI. M. P. L., t. XLIX, col. 610. «ALVEUNIA)) 33

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