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502 ({ALVERNIA)) -------- -------- herencia y adquirimos en herencia el reino de ,os cielos; nos num1Hamos con Cristo y por Cris– to para seguirle pobres y humildes, y Él nos ele– va a su corte para ser asesores de su tribunal divino. III. PRACTICA DE LA POBREZA La práctica de esta virtud requiere algunas condiciones negativas o positivas. Indicaremos algunas prmc1pales, a fin de observar con per– fección esta virtud, de tanta importancia en la vida religiosa. En el uso de las cosas necesarias para la vida se han de evitar la superfluidad, la preciosidad y la curiosidaa. Dice ::l. Buenaventura: «Como los Frailes ::;ean proresort:s cte la altísima pobreza, conviene que todas las cosas que están a su uso tengan, en cuanto sea pos1bie, la parvedad, la vi– leza y la austendact, tres propiedades que siguen naturalmente a la altísllna pobreza .(8'/J. Por su– per1iuo se entiende lo que 110 es necesario para la sustentación o para el cumplimiento de los oficios respectivos. bi el religioso tiene lo necesa– rio y útil para conseguir sus fines y cumplir sus deberes, ¿para qué quiere más? Si la doctrina evangélica dice a los ricos que lo que sobre den a los pobres (88), ¿con cuánto mayor motivo el religioso, que profesa pobreza, debe huir de toda superfluidad'! Si a todos los superiores en gene– ral se aconseja que no permitan nada que sea superfluo o no conveniente al estado religioso, ¿con cuánta mayor razón a los Frailes Menores, que han profesado la altísima pobreza francisca– na? Ahora, durante los santos Ejercicios, echa una 1nirada por las cosas de tu uso y mira si te sobran, si están ociosas, si puedes prescindir de (87) Exposit. super Regul. FF. Min., cap. VI, t. VIll. p. 422. (88) Quod superest, date eleernosynam. Lue., XI. 41.

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