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494 ((ALVERNIA)) a las riquezas (57). Dios exige todos nuestros ser– v1c10s, quiere el corazón íntegro, y no dividido entre Él y las criaturas. Él mismo, conociendo el mal que suelen causar las riquezas, exclamó: ¡Cuán difícil es que los ricos entren en el reino de los cielos! ( 58). Jesús dijo al joven del Evangelio: Si quieres · ser perfecto vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres; después ven y sígueme (59). Si que– remos seguir a Jesucristo, es necesario empezar por renunciar a los bienes exteriores que se tie– nen o que se pueden tener; separarse de las co– sas mundanas de hecho para desprenderse tam– bién en el afecto. En el estado de perfección re– ligiosa es indispensable el voto de pobreza. No hay Instituto que, con más o menos rigor, no comprenda este voto. Siendo una cosa tan prin– ciPal en la vida religiosa la pobreza de hecho y de espíritu, vamos a tratar de los siguientes puntos: I. Naturaleza de la pobreza. II. Utilidades de la pobreza. III. Práctica de la pobreza. IV. Modelos de pobreza y exhortación a su imitación. l. NATURALEZA DE LA POBREZA El voto de pobreza es la renuncia voluntaria a los bienes materiales externos. En todas las Or– denes y Congregaciones· religiosas se hace este voto, pero no en todas con el mismo rigor. Los límites están marcados por la legislación de la Iglesia en general y por la legislación respec– tiva. en particular. Muchos Institutos no pueden (57) Non potestis Deo seruire et mamonae. Matth., VI. 24. (fi!l) Di1}PS difficile intrabit in regnum coelorum. Matth., XIX. 23. /591 Si 1•is pprfeetus esse. vade, vencle c¡twe habes, et cla nau11erib11s. et habebis thPsaur11m in eoelo; et veni, sequere mP. Matth., XIX, 21.
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