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DIA VII Conferencia II (XXVII) DE LA POBREZA Beati pouperes spiritu, quoniam ipsorum est re.onum coelorum. Bienaventurados los pobres de es– p!ritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Matth., V. 3.) El Evangelista S. Juan señala tres concupis– cencias: concupiscencia de la carne, concupis– csncia de los ojos y soberbia de la vida (56). A estas tres concupiscencias se oponen los tres con– sejos evangélicos: castidad, pobreza y obediencia. Por concupiscencia de los ojos se entiende el amor desordenado a los bienes terrenos de este mundo, el apego a las riquezas materiales. Todos esos bienes externos fueron concedidos por Dios pani. la conservación de la vida humana. Ellos no son fines del hombre, sino medios para conse– guir el fin. La Providencia nos otorgó esos bienes para. que por medio de ellos sirviéramos al Crea– dor. Ahora bien: los bienes, que nos debieran servir como de otros tantos peldaños para subir a Dios y conseguir nuestra felicidad, con frecuen– cia constituyen un impedimento para la santifi– cación, y aun para la salvación. El hombre se deja arrastrar inmoderadamente de ellos, los ama como a su fin, los adora como a su Dios. Y ya lo dijo Jesucristo: Ninguno puede servir a Dios y (56) Quud est in mundo concwpi•centia carnis est, et concu11iscentia oculormn et .mperbia vitae. I Ioann, II, 16,

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