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490 ((ALVERNIA)) -------- cisco le despidió; el otro obedeció ciegamente, y las coles arraigaron y crecieron, y el religioso per– maneció en .i.a Orden. Aunque la cosa en sí sea rid1cula, con tal que no sea mala o indecente, el que obedece tendrá el mérito de su abnegación. 5.· Alcgre.-No se debe obedecer a más no poder, con mala cara y murmurando... Se han de ejecutar los mandatos con serenidad y ale– gría. Es un sacrlticio que se hace a Dios, y Dios ama al dador alegre ,48J. El obedecer con tris– teza y repugnancia contrista también al Supe– rior, difi.cuita el gobierno de las comunidades, en– gendra descon!íanzas, sospechas y 1nalos ejem– plos... Si vierarnos con los ojos visibles a Jesu– cristo, que nos manda como a los Apóstoles, qui– zá obedeciéramos con alegría. Pues bien: si no le vemos con lo,:; ojos corJmrales, debemos verle con los ojos de la fe en la persona del Superior. 6." Constante.-La obediencia debe ser cons– tante hasta la muerte. Hacer la obediencia una sola vez y por un corto tiempo no es gran sa– crificio; pero cumplirla por toda la vida hemos dicho que es un prolongado martirio. No basta obedecer cuando novicios o cuando jóvenes; es necesario obedecer cuando adultos y cuando an– cianos. El joven suele ser más dócil; el anciano, si no es verdc.deramente obediente, es más duro de juicio; se somete con mayor dificultad a la obediencia de otros, sobre todo si son más jó– venes. Es necesario perseverar en la obediencia hasta morir como Jesucristo, que fué obediente hasta la muerte, y muerte de cruz _(49). CONCUJSION Y EXHORTACION San Francisco de Asís comparó al verdadero obediente con un cadáver. «Toma un cuerpo sepa– rado del alma y colócalo donde quieras. Verás que no opone resistencia al movimiento, que no (48) Hilarem datorem diliqit Deu.s. II Cor., IX, 7. (49) Factus obediens usque ad mortem, mortem au• tem crucis. Phil., II, 8.
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