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DÍA vn.-«DIES PERFECTIONISll 489 sil:>le, se debe obedecer. El perfecto obediente obedece en las cosas prósperas y adversas, en lo agradable o desagradable, en lo poco y en lo mucho, en los olicios humades o elevados, a todos, en todo y siempre. San Buenaventura di– ce: «Cuanto más universalmente se obedece, tanto más perfectamente se obra» (44). Si quieres tener una perfecta obediencia, es ne– cesario que la tengas por norma en las cosas grandes y pequeñas, la conserves ilesa como la pupila de tus ojos, obedeciendo, no sólo en las cosas mayores y a los prelados. sino también en las cosas pequeüas y a los menores, sometién– dote y abrn,gándote por amor de Cristo. En las cosas buenas e indiferentes procura siempre ha– cer la voluntad ajena _(45). 4." Sencilla.-La obediencia debe ser sencilla o, como algunos dicen, ciega; es decir, no se deben andar investigando los motivos del man– dato; por qué me mandó a mi y no a otro, qué razones tendría para mandarme esto o aquello, etcétera. San Pablo nos dice: Obedeced en la sirn– plicidad d? vuestro corazón como a Cristo .(46). Los Apostoles habían estado pescando toda la noche y no habían cogido nada. Jesucristo les manda que de nuevo echen las redes. San Pedro, ciegamente, dice: Seiíor, en tu nornbre echaré otra vez las redes, y luego sacaron una copiosa pesca (47J. La obediencia ciega hace milagros. Obedeced sencillamente, aun en cosas que pa– recen ridículas. En Montecasale (Toscana) se re– cuerda todavía la leyenda de S. Francisco, cuando mandó a dos aspirantes plantar las co– les al revés, con las raíces para arriba y las ho– jas para abajo. El uno no quiso obedecer, pare– ciéndole cosa ridícula e imposible, y S. Fran- (44) Quaest. clisp. de peri. evang., q. II. a. 1, fund. 28, t. V, p. 127. (45) Epist. de 25 1\iemorabilibus, mem. 20, t. VIII, p. 495. (46) Serví obedite dominis carnalibus cuni timore et remore, in simplicitate cordis vestri, sicut Christo. Eph., VI, 5. (47) Luc., V, 1 y sigs. «ALVERNIAll 32

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