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DÍA VII.-((DIES PERFECTIONIS)) 479 ga de Dios (5). Obedecer a la autoridad es obe– decer a Dios; resistir a la autoridad es resistir a la ordenación ele Dios (6). Los súbditos están obli– gados a obedecer a los representantes de Dios co– mo al mismo Dios. El que a vosotros oye, a Mi oye; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia (7). ¿Quiénes son los superiores legitimas? Todos aquellos que por ley natural o positiva, divina o humana, están puestos por Dios en las diversas sociedades a las cuales el hombre puede perte– necer. En la sociedad conyugal, la autoridad re– side en el marido; en la familiar, en los padres, especialmente en el cabeza de familia; en la he– ril, en el señor de la casa; en la cii 1 il, en los poseedores legítimos del Poder, según los diver– sos sistemas del régimen admitidos en las nacio– nes; en la profesional, los derechos y deberes de superiores y súbditos están determinados por los contratos de trabajo o por leyes particulares de las naciones. En la sociedad sobrenatural funda– da por Jesucristo, que llamamos Iglesia Católica, los superiores jerárquicos están determinados por el mismo Fundador o por el Derecho Canónico. Son el Sumo Pontífice, que tiene autoridad su– prema e inmediata en toda la Iglesia universal; los Obispos, que tienen jurisdicción en sus dió– cesis respectivas; los curas y vicarios, dentro de los límites del Derecho. Dentro de la Iglesia hay sociedades que se llaman Ordenes o Congregacio– nes, con reglas o constituciones aprobadas por el Papa o por los Obispos. Tienen sus superiores, nombrados según la legislación respectiva. Ellos son los representantes legítimos de Dios, a ellos tienen que obedecer todos los que voluntariamen– te abrazan ese estado particular de vida religio– sa. Todo Instituto religioso es como un cuerpo místico, que tiene semejanza con el cuerpo fisico. Dice S. Buenaventura: «Como en el cuerpo hu- (fil est potestas nisi a Deo, Rom., XIII. l. 161 resistit potcstatis, Dei ordinationi resistit, /1,o·n. XIII 2 (71 Qui 'vos riwlit me am'lit; et qui vos spernit; rne spernit. Luc., X, 16.
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