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472 «ALVFcRNIA)) eran un solo corazón y una sola alma, sin discre– pancias, sin discordias, sin murmuraciones, sin quejas... Cada Comunidad religiosa forma una familia espiritual, en la cual los individuos de– ben también tener un solo corazón y una sola alma, sin lamentos, sin quejas, sin murmuracio– nes, sin discordias, sin odio, sin venganzas, sin escándalos... , a semejanza de aquella santísima Familia que fué toda un idilio de amor. De este modo reinará la paz, la concordia, la alegría la felicidad; prosperarán el trabajo, las empresas, las obras colectivas, las actividades apostólicas y literarias. Todas las fuerzas unidas, todas las in– teligencias sumisas, todas las voluntades concor– des, todos los corazones amantes, formarán un admirable concierto, agradable al Altísimo, seme– jante al que forman los espíritus bienaventura– dos en el reino de los cielos. CONCLUSIONES Y PROPOSITOS l. En mis acclünes ordinarias propongo obrar s:empre con espíritu sobrenatural, mirando to– das las cosas bajo el prisma de la fe. Esta será siempre el faro que ilumine toda mi vida cris– tiana, religiosa y sacerdotal. J ustus autem meus ex fide vivit (Hebr., X, 38). 2. En mis dificultades, obstáculos, adversida– des, enfermedades, dolores, penas, humillaciones y cruces me fortificaré con la esperanza del pre– mio eterno que Dios me tiene preparado. Existi– mo enim quod non sunt condignae passiones hu– jus temporis ad futuram gloriam, quae revelabi– tur in nobis (Rom., VIII, 18). Las cosas temp,J– rales, prósperas o adversas, no tienen valor sino en cuanto se refieren a las eternas. Procuraré valorizarlas, dirigiéndolas todas a la gloria de Dios y a mi propia santificación. 3. El amor de Dios debe ser el centro de toda mi vida, la meta de todas mis aspiraciones, el blan'3o de todos mis deseos. Con toda mi alma, 1

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