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DÍA VI.--<<DIES UNIONlS StJPERNATURALIS» 471 ción mala del prójimo. La caridad nos exige que impidamos los pecados del prójimo en cuanto se pueda, y que no ayudemos con nuestras obras para que los demás pequen. Se distinguen mu– chas clases de cooperacón, las cuales no explica– mos aquí, porque pertenecen a los tratados de Moral. La cooperación a las acciones malas del pró– jimo se puede verificar de nueve modos: Man– dando, aconsejando, consintiendo, alabando, re– curriendo, participando en la acción o en su emo– lumento, callando, oponiéndose, no nianifestan– do. Todos estos modos están incluidos en estos versos: Jussio, consuium, consensus, palpo, recursus, Participans, mutus, non obstans, non mani– [festans. Tampoco nos detenemos a declarar estos mo– dos de faltar a la caridad, porque son más pro– pios de los casuistas. Sólo los mencionamos para ver el amplio campo de la caridad cristiana y cómo fáclmente se puede faltar a ella. CONCLUSION Muchos son los vicios que se oponen al amor del prójimo, sea por razon de la justicia, sea por razón de la caridad. Es muy difícil que no tengamos alguno de ellos. Cada uno examine su conciencia con imparcialidad y se esfuerce por arrancar de su corazón cualquier espina que hie– ra la caridad fraterna; porque, quien hiere a su hermano, hiere a un miembro de Cristo. El Corazón divino es el modelo acabado de ca– ridad. Toda su vida no fué más que una vida de amor y de beneficencia para el prójimo. Vino por amor, vivió derramando el amor y se inmo– ló por el amor... La Sagrada Familia de Nazaret es perfecto ejemplar de unión fraterna; Jesús, María y José
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