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468 «ALVERNIA)) hiere lo más esencial de la perfección, que es la caridad. Es necesario pensar que la calumnia y la detracción son pecados contra la justicia; es un robo injusto de la buena fama, a la cual to– dos los hombres tienen derecho. Y como no se perdona el picado si no se restituye lo injusta– mente robado, d'," ahí la necesidad de la restitu– ción por los medios que nos sean posibles, direc– tos o indirectos, Muchos son los calumniadores y detractores que violan los derechJs del prójimo; pero, ¿cuántos son los que restituyen eficazmente la fama? Tienen valor y desvergüenza para ha– blar mal; pero, ¿la tienen para desdecirse? Son comparables los murmuradores a uno que siem– bra polvo por la calle; ¿cómo podrá recogerlo de nuevo? Si uno despoja a un ave de sus plumas, ¿cómo se las vuelve a i'Olocar donde estaban? Es necesario, pues, pensar y hablar bien de todos; huir de las murmuraciones y de los de– tractores, cubrir las faltas de nu 0 stro prójimo con el manto de la caridad; seguir la regla se– gura de no hacer a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros. Reprender con gestos, palabras y hechos a los detractores; no permi– tir nunca en nuestra presencia que se murmure del ausente. VII. ESCANDALO Otro de los modos de faltar a la caridad es el escándalo. Escándalo signlfica tropiezo; co– mo las piedras que se encuentran en el cami– no hacen tropezar y caer al caminante, del mis– mo modo el escándalo expone al alma a tro– pezar y caer en el camino del cielo. El escánda– lo lo definen los moralistas con Santo Tomás di– ciendo que es un dicho o un hecho rnenos recto que da ocasión al prójirno de ruina espiri– tual (329). Jesucristo dijo que era necesario que ;:J'.l9l IIa, Une, q, XLIII, ¡¡rt, T

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