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DÍA VI.-«DIES UNIONIS SUPERNATURALISJJ 463 2. Aut minuit.-No pudiéndose negar las cua– lidades y los méritos, se disminuyen notablemen– te. La. malicia del detractor busca los medios pa– ra desacreditar al enemigo; y cuando no puede perjudicarlo en todo, lo hace en parte. 3. Reticet.-Reconociendo verdaderamente 101, méritos de los demás, los calla para que no sean conocidos. Con malicia refinada procura no ha– blar de ellos, mucho menos ensalzarlos, como po– sitivamente se lo merecen. 4. Laudatve remisse.-No pudiendo menos de alabar los méritos de otras personas, lo hace de una manera remisa, de mala gana, sin interés, sin importancia... La murmuración no sólo se ex– presa con palabras, sino también con gestos, con sonrisas burlonas y con ademanes. De otras mu– chas maneras se puede criticar al prójimo, hasta compadeciendo sus faltas. «¡Quién lo creyera! ;Una oersona tan buena! ¡Qué lástima me da! ... » Se indica lo que no debía saberse ... La detracción desagrada a Dios sobre manera. Los murmurado– res y detractores son aborrecibles a Dios, dice San Pablo (311); por tanto. dice la Sabiduría: Guar– daos de la murmuración. que nada aprovecha, y de la detracción, custodiad vuestra lenoua (312). El murmurador es comparado a una serpiente que tiene tres puntas en su lengua. hiriendo con las tres a la vez de un solo golpe: con la primera hiere a la persona de quien murmura, despojándole de ls. fama y el honor, que es el mejor y más estima– ble que las riquezas. Con la segunda hiere al pró– jimo, que escucha escandalizándolo, le da ocasión Dn.ra que sea cómnlicP dr sus pecados, de sus per– versas opiniones. Sentado hablabas contra tu her– mano y escandalizabas al hijo de tn madre (313). Con la tercera se hiere a sf mismo cometiendo la culpa, manchando su alma con la sangre de su prójimo. La murmuración lleva consigo una espe- ,3111 Detractores, Deo odibiles. Rorn., I. 30. !312) Custodi.te erao vos a rnurmuratione quae nihil proricst, et a detractione pereite lin(luae. Sap., I. 11. (<1111 <;eclens arfoers1ts fratrem tuimi loquebaris. Ps. XCIX, 20.

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