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458 «ALVl!:RN!A)) debido principalmente a los constituídos en dig– nidad o autoridad. Incluso con bromas pesadas y de mal gusto, que resultan en desprecio o en hu– millación de los demás. Personas bien educadas y religiosos serios nun– ca deben permitirse ciertas expresiones groseras, bajas y desagradables. La observancia de las bue– nas formas y reglas de urbanidad nos ayudarán para no faltar en todo aquello que se refiere a! honor personal de nuestros hermanos... V. LA IRA Y LA VENGANZA La ira es un apetito de la parte irascible que tiende a la venganza. Como pasión, es indiferente y puede ordenarse al bien o al mal. Si se or– dena a defender la justicia, el orden, a castigar los delitos conforme a ley y a razón, es buena; si, en cambio, se ejerce fuera de orden y de razón, previene la deliberación serena de la voluntad o se venga injustamente, la pasión se convierte en vicio. En este sentido causa muchos males en el mismo iracundo y en los demás. El fatuo, dicen los Proverbios, luego ind'ica su ira (297); el furor y la ira son execrables .(298); la ira no tiene mi– sericordia (299); el varón iracundo provoca las riiías (300); JJroduce los litigios .(301). Por esto dice el Eclesiastés que arrojemos de nuestros co– razones la .ira (302); Jesucristo nos dijo que el que se aíra contra su hermano es reo de juicio, o sea de condenación (303). San Pablo nos exhor– ta a quitar de nosotros toda ira y toda indigna- \297) Fatuus (298¡ Ira et XXVII, 33. indicat irain suam. Prov. XII, 16. utraque execrabilia sunt. Eccli., (299) Ira non habet misericordiain. Prov., XXVII, 4. (300) Vir iracundus provocat rixas. Prov., XV, 18. (301) Homo enim iracundus incendit litem. Eccli., XXVIII, 11. (302) Aufer iram a carde tuo, et amove malitiam. Eccle., XI, 10. (303) Onmis qui erascitur fratri suo, reus erit iudicio. Matth., V, 22.

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