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OÍA VI.-((DIES UNIONIS SUPEHNATURALIS» 457 ahi que nace espontáneamente en su corazón el odio, el rencor, la enemistad. El odio puede ser de ab01ninación o de ene– mistacl. Se llama de abominación cuando se re– fiere a la misma persona del prójimo como in– digna de todo amor; de enemistad, cuando se goza o desea el mal del prójimo y se entristece de sus bienes. San Juan dice que el que oclia a su hermano ancla en tinieblas (293) y es homicicla .(294). Có– mo hemos de amar a nuestro prójimo, incluso a los enemigos, ya lo hemos dicho ... El odio, generalmente, no se contiene sólo en el interior; suele manifestarse taµibién por la contumelia, la ira, ia venganza, la detracción... IV. LA CONTUMELIA El honor del prójimo se ofende externamente por la contumelia, que consiste en el desprecio que se hace a otro con palabras y con hechos, o también por la omisión del honor debido. Todo hombre tiene derecho al respeto y al honor de sus semejantes, según la condición social que ocupa. El honor es más estimable que la riqueza; como se falta a la justicia robando los bienes de fortuna, con mayor razón se falta a la justicia negando el honor debido. Nos dice el Evangelio que el que llama a su hermano fatuo es reo del fuego (295); el qne profiere la contiúnelia es un insipiente, se dice en los Proverbios (296). De muchas maneras se puede faltar al honor: con palabras ofensivas, con gestos ridículos, con hechos despreci~tivos, con omisiones de respeto cmtcm odit jratrem s1mm, in tenebris est. I 12. III, 15. (2D5) qui írascitur fratri suo, reus erit judi- cfo. Qui autcm dixerit fratri suo, raca: reus erit concilio. Qui autcm dixerit fatue: reus erit gehennae ignis. Matth, v. 22. (2[)6) Qui profert contmneliam, insipiens est. Prov., X, 18. «ALVERNIA•> 30

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