BCCCAP00000000000000000000622

456 ((AL V EH NI A-)) --------- dia y tocia detracción (289). San Francisco. en su regla, dlce c;u? ,.;se guarden los frailes de toda soberbia, envidüt, avaricia, cuidado y solicitud de este nmc1do» (290). San Buenaventura escribe: seL::i. envidia es una ílera pésima, la más cruel de todas las fierns... Es un virus secreto, una peste oculta, compaüera del crimen, herrumbre de las virtucle.s, polilla de la santidad. La envidia no cesa de causar daflos espirituales a los hijos de Adán; concita las riñas y las guerras; procura las 2111cmistades y los homicidios, se ceba con la sangre de los muertos. Arrojad, arrojad, carísi– mo:", esa fiera pésima de entre vosotros, y luego encontr::'.réis la seguridad de la mente, la tran– quilidad del ánimo, la simplicidad del corazón; cesarán inmediatmnente las guerras y contien– das, se unirán los discordes, porque sin ella no conoceríamos el odio y cada uno amaría a su prójimo como a sí mismo» (291). III. EL ODIO Como el llombre se mueve a amar las cosas que deleitan, asi se mueve a odiar las cosas que mo– J.estan en cuanto se aprenden como malas. Sien– do la envidia una pena o tristeza del bien ajeno, se sigue consiguiente1:aente que el bien del próji– mo se hace odioso al envidioso; d0 aquí que San– to Tomás, con S. Gr0gorio, dic0 que de la envi– die. se origina también el odio (2921. Este no es más que una pasión que tiende a sep~trar de nos– otros todo aquello que desagrada; un apetito de aversión que s0 siente contra las personas o cosas que impiden un bien real o aparente. El envidioso considera las cualidades, bienes, triunfos, pros– peridades de sus rivales, como males propios; de 22D; D:';;Gnc:~~'. __·s fr¡ft;ur orn ,ue.in malitiani, et onineni í.lolHm, et si1nulu.tioncs, et iJn'i~ú¿s, et onLncs detraclio- 1,L'S. I Petr., II, l. (290) c. v. !281) Senn. l. Domin. Ill JJ0°t Peut .. t. IX. p. 3ü7. (29?\ Ila, Ihe, e¡. XXX1V. '.lrt. VI.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz