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DÍA VI.-((DlES UNIONIS SUPErtNATURALIS}) 455 lid:1des y bondades: aumenta la malicia con la excelencia de los bienes que se envid:an. Si el alma se entristece de la gracia y dones sobrena– turales comunicados por Dios, es, en cierta ma– nera. un pecado contra el Espíritu Santo; por– que tiene pE'sar de sus comunicaciones y de que sea glorificado en sus criaturas. S:mto Tomás, siguiendo a S. Gregorlo, señala co~o efectos dG h, envidia el odio, la murmu– ración, la detracción, la alegría en las cosas ad– vcT:::o.s de nuestro p,:ójimo. la aflicción en las cos2c. prósperas t235). Y, en efecto, 12, envidia es causa ele odios, rencores, discordias, enemistades, •escándalos, murmura.ciones y hnsta de muertes. Por la em:iclia del diablo, dice la Escritura, entró la muerte en el mundo (286,; por envidia, Caín mató 2. su hermano Abel; por envidia, José fué vcndiclo por sus hermanos; por eDvidia, Saúl per– siguió a D:wld; por envidia, los judíos entregaron a Jes::cristo (287). La Historia sagrada y profa– na está llena de los males que ha causado la en– vidia, ruin y detestable. La envidia perturba también el alma, causa tristeza, congoja: seca, corroe; se dice vulgar– mente que «se muere de envidia». El envidioso está intnnquilo hasta qué no humilla, supera o se venga del rival; s.· carcome, trag3. bllis hasta que no sale con ,cms intentos. La. envidi'.1 per~ud\ca también la salud corpo– ral, porq:.1e causa de:sarreglos en la nutricióD y circul::ic:ón sanguínea; irrita el sistema nervioso, afecta al corazón, dificulta los cambios de ele– mentos indispensables para una buena asimila– ción. La enviclia corrompe los huesos, dicen los Proverbios (288). San Pedro nos manda que deponr;amos toda malicia, toclo clolo, toda simulación, toda envi- 1285i Su,';; '71 I1 ~, 1296) Inridia r11lt(' n l('':n!nl1n. Sap., II, :J4. (287) St:iC'bnt enLt-: ,m,n. Matth., XXVII. í:::!88) p,zztrcclo ossiu in orlJe'tn i,wirl.iam tradídissent Prez• , XIV, 30.
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