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DÍA Vl.---!(;lIES UNICNIS St:P;,;ilNATURALIS>l 453 ---- a si 1nisrn:J i '.'.33!. Si no nos consta con c 0 rti,za de :os pecar!os ajenos, no debemos pen– sar moJ de ninguno; en la duda, inclinarnos a la nw,i0r parte. Cuando no se pue>da excusar la obra, excus:c: la intención, y cuando ni ésta se po_;_;;da e:,cusar, us:mos de compasión, consideran– do que en la,5 mismas faltas pod2mos caer nos– otros. Qu:z:i 1'1 malicia del prójimo no sea tanta como la nuestra; el carácter, las inclinaciones vchement1:,s, las tentaciones del enemigo, las oca– siones lllceesarias o imprevistas, disminuyan más la respon,abilidad ele los culpa.bles de lo que nos– otros pensa,11os. Hay ciertos espíritus que en todas las cosas y perso21as vc-1 defectos. que todo lo miran con un prisma negro, que aun las acciones indiferentes las interpretan en mal sentido. Acaece algunas veces que s::- cumple el axioma vulgar: Piensa el laclrón qur; todos son de su conclición. Juzga en los demás 13. malicia que tiene en el propio co– razón. Scarc.os indulgentes, dejemos el juicio a Dios, a quien le pertenece escrutar los corazones, conocer las voluntades y dictaminar la sentencia. H. LA ENV!DH La envidia se deriva del verbo invidere, mirar con malos ojos. Es una tristeza o pesar del bien ajeno; es a la vez pasión y pecado capital; pa– sión, porque el envidioso experimcmta una irn– pres:ón sens:ble de tristeza a la vista del bien del prójin10, produciéndose una s2n:c:ación de angus– tia y fncogimiento de corazón; pecado capital, porque de él se siguen otros muchos vicios, como veremos. Dice S. Buenaventura que «reina la en– vidia en el hombre cuando se alegra de la ad– versidad del prójimo y se entristece de su pros– p2rldach 1284). El objeto de la rnv.idia suelen ser (284) ]). 109. I, n. IV, t. VlII,

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